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Esta empresa familiar sevillana tiene en sus instalaciones del polígono Calonge uno de los surtidos de rodamientos y piezas de maquinaria industrial, agrícola y de automoción más grande de Andalucía. En pleno proceso de digitalización, no para de crecer.

¿Cuándo nació Rodamientos Andalucía?

—Se fundó en 1979. Con once años empecé a trabajar, con nómina desde los 14 (sonríe), en Rodamientos Florida, que luego pasó a ser F. García S.A. Estuve 30 años trabajando en esta empresa, hasta que mis compañeros y después socios Joaquín Baro y José Fernández me llamaron para montar nuestra empresa en 1979. En el año 1992 me quedé solo al frente de esta compañía.

Es una empresa familiar que ya tiene tres generaciones en su plantilla, ¿verdad?

—Sí. En Rodamientos Andalucía ya trabajan mis tres hijos, dos cuñados y dos nietos. Son el futuro de la empresa y estoy contento por ello.

—¿A qué se dedican exactamente?

—Vendemos todo tipo de rodamientos y también correas, cadenas, poleas, piñones, motores eléctricos, reductores, variadores de frecuencia, retenes, etcétera, etcétera. La lista es muy larga porque no sólo nos dedicamos a vender rodamientos. Tenemos un almacén con tantas piezas que muchas personas no lo saben y es precisamente lo que nos diferencia porque somos capaces de servir con mucha rapidez.

—¿Cuántas piezas pueden tener en este almacén?

—Tenemos uno de los surtidos más grandes de Andalucía. ¿Cuántas piezas podemos tener aquí? Podemos tener casi un millón de referencias.

¿Cuántas piezas venden al año?

—Estamos en pleno proceso de digitalización, aún no sabemos cuántas piezas se mueven al año con total precisión, pero pueden ser alrededor de 100.000. Sí, cerca de 100.000 salen de aquí sólo de rotación rápida.

—¿Cuáles son sus principales clientes?

—Hay mucha variedad, pero son cooperativas agrícolas, fábricas de agroalimentación, de maquinaria, tiendas de recambios, talleres, etcétera. Además de los particulares a los que vendemos en nuestro mostrador.

¿Le afectó mucho la crisis económica a su facturación?

No hemos notado la crisis. Año a año hemos ido creciendo.

¿Cuánto?

—Entre un 10 y un 12 por ciento. Hay que tener en cuenta que nuestra principal fuente de negocio es la industria y la agricultura y que tenemos el apoyo de algunas marcas que no fallan. Trabajar con buenas marcas asegura una cuota de mercado para siempre.

—¿Y el efecto del mercado chino?

—Ha tenido un efecto muy negativo. Los clientes se creen que compran por ese precio productos de calidad, y no es así. Nos han hecho daño en precio y en calidad. Las piezas fabricadas en China no tienen buen rendimiento.

—¿Dónde compra sus piezas?

—Nuestras tres marcas principales son Fersa, la única española que queda y que fabrica en Zaragoza; Optibelt, que es alemana, y la italiana ISB. No obstante, prácticamente trabajamos con todas las marcas, aunque con estas tres tenemos más trato.

—¿Han ampliado sus instalaciones recientemente?

—Sí, y ahora las estamos adecuando para servir al cliente de forma más efectiva e inmediata. Nuestra empresa se caracteriza por ser seria, formal y rápida.

—¿Barajan seguir ampliando sus instalaciones?

—Sí, cada vez hay más volumen de referencias y necesitaremos más espacio.

—¿Hay muchas empresas como la suya en Sevilla?

—Bastantes. Cerraron algunas con la crisis, pero quedan muchas. El sector es muy competitivo, pero la calidad, el servicio y la rapidez nos diferencia.

¿Cómo llevan la incorporación de las nuevas tecnologías a la gestión de la empresa?

—Estamos apostando poco a poco por la digitalización para tener más control estadístico, de la rentabilidad y del flujo de referencias que se mueven al año. Es un reto, al igual que queremos poner en marcha la venta por internet. Tenemos web, pero queremos vender online las piezas difíciles de encontrar que tenemos. Las más particulares.

—¿Venden fuera de Sevilla?

—Vendemos piezas antiquísimas de coches históricos por todo el territorio nacional, desde Madrid hasta Bilbao o Zaragoza. Son piezas de coches como el Seat 600, el Citroën 2CV, el dos caballos, el Simca 1000,… Es una de las ventajas de tener un almacén que no sólo está lleno de piezas modernas, sino también de muchas antiguas. Es como nuestro propio tesoro. Cada vez que vendo una de estas piezas me produce una gran satisfacción.

08 de Julio de 2018

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