En Artículos de divulgación

¿CUÁL ES MI TAREA TRAS SER JUBILADO?

Obviamente sigo hablando con antiguos y nuevos alumnos. Escribo y dicto clases en esa labor de divulgación que desarrolla mi Universidad de Córdoba. Procuro darme cada vez menos cuenta de mí mismo y dedico un tiempo a Maribel y a familias empresarias.

Cuando me sitúo en ese entorno profesional me viene a la mente la primera vez que dicté clases en el edificio del actual Rectorado, entonces Facultad de Veterinaria. Eran posibilidades latentes y en la Cátedra, que vino a mis casi cincuenta años. La cadena de esta vivencia universitaria comenzó mucho antes, en 1954, cuando opté por iniciar mis estudios de Veterinaria. A través de otras posibilidades y realizaciones fue cambiando mi vida en otra dimensión de modo que fue desapareciendo el perfil biológico veterinario y se tomó el camino de la economía ganadera, luego territorial y, por fin, empresarial familiar. Todos esos cambios se produjeron desde una creciente libertad personal en relación a los sucesivos cambios en mi alrededor. De modo que a mis ochenta años aquellas experiencias cada vez me parecen menos mías. Como si no formaran parte de mí mismo: Hay ausencia de aquel mundo.

Aquello acabó por completo. Las aulas y laboratorios del edificio de Medina Azahara se han reconvertido como la huerta, la vaquería y la planta de pasteurización de leche. La huerta en jardín urbano y la planta de industrias cárnicas en bloque de pisos donde Maribel y yo poseemos dos áticos arrendados. Pero en los años sesenta del siglo pasado aquel era el mundo posible, aunque no soñado, porque mi sueño era avanzar en conocimientos buscados en donde se estuvieran sembrando y creciendo.

Todo eso ha desaparecido pero el mundo de los libros sigue vivo para mí, el de la civilización, la comodidad, la música y la conversación con amigos de la adolescencia y juventud.

Aquel mundo del edificio mudéjar ha desaparecido. La Facultad de Veterinaria ya no se identifica con un edificio singular expresamente edificado en los años veinte del siglo pasado. Claro que hay otros edificios como el de Producción Animal donde trabajé en Rabanales muy en serio pero su espíritu no canta como el del otro, mudéjar, en mi corazón. He vuelto al edificio de mi bachillerato en el que por las tardes me dedicaba a estudiar las enseñanzas de las mañanas. Hoy se llama Pedro López de Alba y en los años cincuenta del siglo pasado se conocía como Colegio de la Asunción.

Escribo con placer estos recuerdos, como colaborador honorario de la Cátedra PRASA de Empresa Familiar, y me despido con permiso de mi director hasta el próximo octubre.

 

José Javier Rodríguez Alcaide

Catedrático Emérito

Universidad de Córdoba

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