En Artículos de divulgación

REFLEXIONES DE UN PROFESOR DE ECONOMÍA DE EMPRESA

Al igual que hay profesores de filosofía que no son filósofos, también hay profesores de economía de empresa que no son empresarios. Yo tengo admiración por ellos porque he tenido la experiencia de pequeño empresario y aún la mantengo.

Si ser filósofo es amar la filosofía hasta el punto de vivir conforme a una vida sencilla, independiente, confiada y magnánima, ser empresario es calcular el riesgo, enfrentarse a la incertidumbre, prestar servicios a la humanidad y conseguir recuperar los recursos empleados y destruidos, transformados en bienes necesarios para el ser humano. El empresario resuelve algunos problemas de la vida desde el punto de vista práctico, lo que el filósofo lo consigue teóricamente. El buen empresario procura métodos mejores de servir que el resto de sus compañeros, quizás competidores o colaboradores. El emprendedor se aventura en la vida una vez ha resuelto los quehaceres más humildes, trata de mejorar la dureza de los tiempos que corren. Un empresario se determina entre dos eternidades: el pasado y el futuro; es decir, vive al máximo el presente pensando en el futuro, situación que no siempre se observa en el filósofo. Nunca he actuado en solitario como empresario sino en unión a otros emprendedores que compartíamos el proyecto. Fui presidente de una envasadora de aceite de oliva virgen con denominación de origen. No jugué con mis ahorros en este proyecto pero sí mi sentido común y su viabilidad económica y social.

Durante más de quince años fui presidente dos veces (dos quinquenios) de un periódico que anunciaba tormentas políticas, lluvias en otras empresas, nieve en las relaciones de empresarios y trabajadores, vigilante de caminos públicos que no se ejecutaban y orientador en nuevas trayectorias y ayudé a levantar puentes sociales para salvar cañadas y abismos.

No he vendido cestas pero ahora me dedico a cuidar las cestas de otros y a prestar servicio de avisos de enfermedad a través de imágenes resonantes. Tampoco perdí mi dinero ni mi tiempo y creo haber ayudado a mis conciudadanos de modo anónimo y sin aparecer en la gaceta local. Una vez jubilado sin recibir prebenda alguna ni curato me he dedicado a ayudar a familias empresarias que son bosques excelsos que conviene no arruinar. A ello he aplicado mis conocimientos de matemáticas, estadística, economía, derecho y administración empresarial y alguna experiencia de los comportamientos emocionales familiares. He enseñado economía de empresa y he sido a la vez piloto y capitán, propietario, vendedor y comprador, auditor y supervisor, vigía y oteador, informador de posibilidades de paz y de guerra. He tenido la suerte de que las muchas empresas en que activamente he participado no han encallado, se vendieron sin pérdidas, se transformaron.

No he dejado de valorar pérdidas y ganancias, intereses y privilegios. Todo ello ahora lo dedico a aquellas familias empresarias que requieren mi consejo o mis advertencias desde la Cátedra PRASA de la Universidad de Córdoba con el placet y aquiescencia de su director doctor Ignacio Gallego.

José Javier Rodríguez Alcaide

Catedrático Emérito

Universidad de Córdoba

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